Marzo  20, 2022

Episode 27: Las torturas posmodernas... La normalización de las prácticas tortuosas

La tortura ha estado presente en la historia de la humanidad, justificada por muchos para utilizar métodos para generar confesiones o castigar a las personas. Pareciera que hoy en día no existe la tortura de la misma manera que existía en otros momentos de la historia, porque hoy se disfraza de prácticas que son tortuosas que el sistema nos presenta atentando constantemente con nuestro tiempo, ánimo, tranquilidad y espontaneidad. Los invito a escuchar este episodio que hace una reflexión sobre las torturas posmodernas enmascaradas que se han naturalizado en nuestro cotidiano y que se venden como calidad de vida, entretenimiento, oportunidad, progreso, productividad, seguridad o democracia. Qué se abra la conversación y el debate.
Share this episode:

Música: Camilo Monery

Hola, mi nombre es Andrés Novoa y esto es KWX Kuwoxati podcast

Bienvenidos al

Episodio No 27

Las torturas posmodernas...

La normalización de las prácticas tortuosas

Preludio

La vida cotidiana se ha establecido como la normalización de una serie de prácticas que deberían estar en contra de la naturaleza humana, del instinto y de la libertad que tendríamos que tener como individuos sociales. De esta manera, se han creado algunos sofismas que disfrazan muchos conceptos que se cree están prohibidos o erradicados de la vida de hombres y mujeres, por ejemplo el concepto de la esclavitud que se disfraza en un sistema laboral que coarta las libertades y exprime al individuo al máximo, o el concepto de la tortura que se prohíbe desde las normas sociales pero que se disfraza en pequeñas prácticas que golpean fuertemente la moral de los individuos, que los desgasta sistemáticamente, y que genera dolores físicos y psicológicos que al final del día influyen en nuestra vida y en nuestra cotidianidad. Particularmente me quiero centrar en este concepto de la tortura posmoderna, hacer un análisis de cómo las instituciones han creado prácticas que se moldean desde el deber-ser, y que terminan normalizándose e implementándose día a día, jodiendo nuestra existencia y pareciera que fuera un medio de castigo por el simple hecho de vivir y hacer parte de un lugar. Hablemos entonces de las torturas posmodernas.

Puntos de fuga

Es casi impensable pensar la tortura como una práctica cotidiana en estos tiempos actuales, pero seamos honestos, muchas de las cosas que no pensamos que existen tan solo se han transformado y se han disfrazado para que las normalicemos. Suena desalentador, pero es lo más normal del mundo, gritamos a todo pulmón que no existe la esclavitud, pero el sistema nos obliga a trabajar en ambientes muchas veces precarios, con malas condiciones, presiones que afectan lo psicológico y lo físico, las cadenas están propuestas desde un contrato laboral, desde un consumo que tienes que tener, desde un horario que debes establecer todos los días, trabajar de sol a sol sin tener la posibilidad de ser escuchado, termina siendo la voluntad de instituciones que juegan en el límite de la norma y el respeto y jefes que se creen amos que pueden atropellar a las personas y que no tienen un propósito claro. Tal vez esta es una de las primeras torturas posmodernas disfrazadas, el sistema laboral y su entramada de prácticas que generan un constante inconformismo y desánimo. Son pocos los espacios que realmente respetan, escuchan y valoran a los empleados. Ya lo hemos hablado en otros episodios, son muchas las personas que se quejan constantemente de sus trabajos y de sus jefes, pero no pueden renunciar, aquel deber-ser. De igual manera esas estructuras verticales donde existe un ego y una necesidad de demostrar poder es la misma esencia del látigo, enmascarado y protegido por el miedo que genera perder un puesto de trabajo y quedar a la deriva. Se renuncia a malos trabajos y a malos jefes. Pero son pocos los que se atreven a romper esas cadenas en busca de su libertad.

Aclaremos un poco entonces porque hablar de torturas posmodernas, me calenté muy rápido. Lo sé. Una tortura se considera como una forma de infringir dolor físico y psicológico, utilizando distintos métodos con el fin de tener una confesión o como medio de castigo, y bueno, si realmente lo pienso y lo traslado a mi vida, creo que existen tantas cosas que me generan castigos, que el sistema los normaliza pero que me dan dolor físico y psicológico.

Comencemos desde lo más sencillo, cómo es vulnerado constantemente mi derecho a acceder a un sistema de salud, porque la burocracia hace imposible una atención. Recuerdo que en el año 2014, tuve un problema de salud en el que casi muero, una bacteria entró en mi cuerpo y se alojó en fémur y cadera, y la negligencia de un hospital, la burocracia y el sistema de salud casi me dejan morir, y tuve que pelear y joder la vida para que me atendieran, estuve en un pacillo en una camilla por más de 48 horas y mi atención solo la logró una persona que no pertenece al sistema de salud, un jefe de seguridad que fue capaz de mover todo para que me atendieran, pero hablemos de cosas más sencillas, que mierda es pedir una cita médica, o una atención de salud en cualquier nivel. Es tan burocrático que todo es manejando por administrativos que dan aprobaciones. Podríamos establecer entonces que un sistema como el de salud, está destinado a ser un castigo, una tortura posmoderna.

Pensemos en otras formas de tortura, una asociada al dinero, al consumo y al control excesivo de la información y de lo que hacemos. Esto está relacionado con los bancos, con los impuestos, con las supuestas obligaciones que debo tener. Debo tener una cuenta, debo tener una tarjeta, estoy en una constante vigilancia por parte de las instituciones bancarias que saben toda mi información. Sin necesidad de métodos arcaicos obtienen confesiones, y con métodos distintos apelan a joder vida constantemente, las llamadas excesivas de los call center donde los trabajadores son enseñados a presionar y torturar psicológicamente a las personas, miles de llamadas, miles de presiones, miles de inconsistencias, se ensañan con la gente y afectan totalmente su vida en todos los sentidos. El gota a gota se les queda en pañales. Ahora que me dicen de ir a un banco? de hacer filas? de no tener control sobre el tiempo? de las miles de cosas que nos cobran? de cómo trabajan con nuestro dinero y también se lo roban? qué me dicen de las miles de formas en las que somos sometidos por los bancos, porque ellos nunca pierden, somos nosotros los que estamos dispuestos y expuestos a cualquier decisión arbitraria que influye sobre nuestro dinero.

Otra tortura posmoderna está asociada directamente con el tiempo. Nuestro tiempo de calidad. Pareciera que todo está planeado para siempre tener que estar produciendo. Productividad es la palabra de moda en las empresas, se mide más la hora nalga en un espacio de trabajo que realmente el pensar, proponer y transformar, pero lo que se quiere es llenar un espacio, malgastar nuestro tiempo en cosas formatos infinitos, en informes que quedan arrumados, y que podríamos hacer desde casa con objetivos más claros y eficientes dejándonos tiempo para disfrutar de nuestra casa, de nuestra familia, de nuestra pareja, con nuestros perros, para caminar, para hacer deporte, para procastinar. Es que además nos han limitado nuestro tiempo a cosas que están clasificadas y se juzgan, si tengo ganas de hacer nada, pareciera que fuera malo. Hay que siempre “invertir” nuestro tiempo. El término invertir acá se entiende como la capacidad de estar ocupados para no pensar y no disfrutar. Si a esto le sumamos como las instituciones juegan con nuestro tiempo, ya lo vimos con los bancos o los sistemas de salud, pero trasladémoslo a todo lado, gente que maneja el tiempo de los demás, un proceso que puede durar 2 minutos se lo demoran horas o días, ojo, y esto lo hablamos en cualquier institución social, pública o privada, o lo más detestable, el transporte público, una de las torturas posmodernas más complejas de nuestra generación, porque se basa en la necesidad de transportarme de un lugar a otro, es de mala calidad (hablo de Colombia específicamente), y además es muy lentooooo. Puedo durar 2 horas de día y 2 horas de noche para ir de mi casa al trabajo y volver, y esto es una tortura monumental. Nadie debería jugar con nuestro tiempo, pero es que lo tenemos empeñado en este sistema que nos consume constantemente. Me recuerda la película “in time” donde todo debe pagarse con tiempo, el tiempo se convierte en la moneda de cambio. Nada más cercano a nuestra realidad. Una tortura posmoderna.

Algunas otras torturas posmodernas están asociadas directamente con cómo ir consumiendo tu energía y tu voluntad por medio de un sistema que ofrece pocas oportunidades y exige demasiado, un ejemplo de ello, estudiar por 4 o 5 años en una universidad con unos costos elevadísimos, para salir a ganar menos de un mínimo, y ser poco valorado en el trabajo, estar conectado todo el día a redes sociales como una adicción para no pensar en lo importante, escuchar constantemente las burradas de nuestros políticos y terminar diciendo, es lo que hay o voto por el menos peor, pagar todos los impuestos que nos imponen y saber que ese dinero se lo roban y no se hace absolutamente nada, tener personas adictas a las drogas, a los videojuegos, al alcohol, a las apuestas, a la comida, o a cualquier cosa que se pueda considerar adicción porque el sistema existente presiona tanto a las personas y genera tanta ansiedad, angustia y melancolía que las personas terminan por encontrar en las adicciones un escape que al final termina siendo una tortura total.

Las torturas posmodernas están diseñadas para pasar desapercibidas, para que las normalicemos y las hagamos cotidianas. Todas ellas van acompañadas de estrategias de comunicación y publicidad para hacerlas más atractivas, pero igual de dañinas. La tortura se enmascara constantemente en palabras como calidad de vida, entretenimiento, oportunidad, progreso, productividad, seguridad o democracia. Es importante que pudiéramos reflexionar, conversar y debatir sobre las estructuras que plantean la vida de esta manera. Tal vez sea el momento de iniciar.

Reflexiones finales.

Las torturas posmodernas pasan desapercibidas con el afán, el estrés, el consumo y el entretenimiento. Ese deber ser, el aparentar, el poseer, el qué dirán, siempre condicionará nuestra forma de enfrentarnos a las torturas y a los torturadores.

Yo no creo que disfrutemos de estas torturas. El tema es que se han naturalizado en nuestras vidas. Lo primero, hay que identificarlas, lo segundo, saber hasta qué punto nos condicionan. Tercero hay que evaluar nuestros niveles de tranquilidad para determinar si estas torturas valen la pena.

Sería interesante hacer un alto en el camino, reflexionar sobre nuestra forma de relacionarnos con el mundo, con la naturaleza, con los animales y con otras personas. Probablemente en esas reflexiones entenderíamos el daño que estamos haciendo y la forma en que también a veces somos torturados y otras veces torturadores (no de una manera consciente, pero afectamos a los demás). Hay que repensarnos, en todos los aspectos.

Tal vez sea un soñador utópico, pero tengo confianza en que podemos transformar todo aquello que nos hace mal. Empecemos por nosotros, tratemos de soltar, de construir, de transformar, de escuchar, de proponer, y de proyectar algo mejor. Intentemos ser dueños de nuestro tiempo, de nuestras decisiones para no depender de otros para actuar. No dejemos que las torturas posmodernas vayan extinguiendo nuestra energía hasta convertirnos en zombies del sistema. Es nuestro derecho el no naturalizar la tortura para poder vivir.

Con estas reflexiones hemos acabado con otro episodio más de KWX, ¿conoce alguna tortura posmoderna? ¿Es dueño de su tiempo? ¿Disfruta su vida? ¿odia como yo lo bancos, los hospitales o cualquier lugar donde la burocracia asesina su buena energía? Síganme en @camaleonenojado en Instagram, en @AndrésNovoa en Facebook, o escriba a través de la plataforma de podnation.co, o escríbame a [email protected] Buena energía para todos.

Podcast powered by Podnation