Junio  9, 2021

Episode 13: En defensa del dolor

En esta sociedad parece hacerse cada vez más fuerte una fobia al dolor, y hay esfuerzos sistemáticos por eliminarlo a toda costa, desconociéndolo como constituyente de la existencia humana, en esferas como el amor, la política, el arte y la psicología.
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Música: Camilo Monery

Invitada: Catalina Arango

Hola, mi nombre es Andrés Novoa y esto es KWX kuwoxati podcast.

Episodio No 13

En defensa del dolor

Preludio

Dolor, un sentimiento que nos ha sido negado desde niños. Cuando nos caemos algunos padres suelen decir: no pasó nada, no pasó nada… Y empiezan desde allí a bloquear un sentimiento que sobrepasa lo físico y nos ayuda a desahogar la frustración, la confusión, la vergüenza, la impotencia o la rabia… y seguramente muchas otras cosas que podría explicar más ampliamente un psicólogo.

Pero ¿Por qué se nos ha negado el dolor? ¿Por qué sentir dolor es un acto visto de manera negativa en nuestra sociedad? ¿Cómo influye el dolor en la economía, en la salud mental, en la política o en el arte?

En esta sociedad parece hacerse cada vez más fuerte una fobia al dolor, y hay esfuerzos sistemáticos por eliminarlo a toda costa, desconociéndolo como constituyente de la existencia humana, en esferas como el amor, la política, el arte y la psicología.

Puntos de fuga

Veamos, desde un enfoque económico, no conviene el dolor. El dolor implica detenerse, observarse, contemplar y contemplarse. Pero la sociedad actual está cada vez más permeada por el paradigma del rendimiento, por eso el dolor es interpretado como debilidad: quien no está en capacidad de producir según el estándar, es débil, está incapacitado para para pertenecer al sistema social y económico.

El ser humano visto como sujeto productivo no puede dar cabida al dolor. Como alguna vez lo dijo José Luis Sampedro en su texto ¿Qué es la sabiduría? “El arte de vivir. No el arte de hacer cosas, el arte de vivir… Se puede vivir sin hacer muchas cosas, y se puede hacer muchas cosas sin saber vivir. La mayoría de la gente que ahora uno ve por la calle sabe hacer muchas cosas, se mueve todo el día, está agitada todo el día, y no sabe vivir.” … Y es que el dolor también es parte de la vida.

Así, en la negación del dolor para poder mantenernos productivos, se ignora que el padecimiento o sufrimiento nos permite acceder a una dimensión metafísica en la que podemos dar sentido y ubicar nuestra posición en el cosmos y la sociedad. Una dimensión en la que podemos hacernos preguntas profundas de sentido y unidad universal.

Así mismo, esta negación se traslada al ámbito político, generando un sistema sociopolítico paliativo que no soluciona nada, pero que intenta hacernos sentir mejor. La anulación del dolor anula a su vez el debate, el cuestionamiento, la pregunta… incluso la duda.

Mantener personas productivas y atontadas con una falsa felicidad sirve para que todos pensemos igual, para que se pierdan grises ideológicos y se favorezca una homogeneización de pensamiento mientras nos venden que la pregunta, la duda, la discusión y el dolor por lo que pasa socialmente está mal o no tiene importancia. Es decir, estar discutiendo sobre temas sociales y políticos es una actividad altamente improductiva que nace, la mayoría de las veces de las preguntas de fondo que nos permite la mirada desde el dolor, propio y del otro.

Lo indica Byung-Chul Han en su libro La sociedad paliativa: la búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Ya no existe la revolución, solo nos quedan la depresión y los antidepresivos. Nada de lo que nos pasa es ya un problema social sino personal, un tema psíquico que debemos resolver solos.

Para la salud mental son catastróficos estos contextos social, económico y político en los que el dolor es negado, los mandatos de la felicidad y el éxito nos impiden la exploración del dolor como derecho y posibilidad, como fuente de catarsis y sentimiento movilizador del ser humano, en tanto que sin lo trágico no es posible afirmar la vida.

Asistimos entonces a una sociedad obsesionada con la búsqueda de la felicidad. Como hemos visto hay muchos sectores interesados en mantenernos contentos. Pero esta búsqueda obsesiva y facilista resulta falsa puesto que está basada en un pensamiento positivo superficial y permanente, lo que no es de la naturaleza del hombre sino de la venta de un bienestar paliativo.

La búsqueda de la felicidad es un asunto tan antiguo como el mismo ser humano, ya Aristóteles lo menciona en la Ética a Nicómaco: el fin del ser humano es la felicidad. En eso todos estamos de acuerdo, todos deseamos la felicidad, aunque no todos estemos de acuerdo en el modo de conseguirla. En la sociedad contemporánea se nos ha vendido la idea de que se alcanza con cosas como la riqueza, los bienes materiales, el honor, el estatus o el éxito. Sin embargo, yo me siento más cercana a Aristóteles o a José Luis Sampedro cuando sostienen que la felicidad se obtiene con la «vida virtuosa», un concepto que hoy suena cada vez más raro.

La vida virtuosa hace referencia a la vida buena, al sentirse conforme, al convivir con los demás y respetarnos mutuamente, todo lo que constituye a su vez, la ética.

Y aquí retomo nuevamente dos fragmentos de ¿Qué es la sabiduría? Donde José Luis Sampedro nos recuerda que: “Estamos vivos para vivir, para hacernos, para realizarnos, para dar de cada uno de nosotros todo lo que puede dar, porque así tendrá todo lo que pueda recibir. Pero para que esto empiece hace falta libertad.” Y finaliza resaltando “…porque los fines de la vida no son aumentar en dinero y en gasto y en diversión, no es eso. Es ganar en satisfacción personal, ser más lo que uno es.”

Para negarnos el dolor y construir entornos paliativos que nos impidan sentir frustración, aparecen algunas “psicologías” positivas u optimistas basadas en la negación del sufrimiento. Al negar el camino para que las personas encuentren el origen de su dolor, como sí lo permite por ejemplo el psicoanálisis, solo queda el camino de ocultarlo, con ideas de positividad falsa o con fármacos que ayuden a que el sujeto no se enfrente con su sufrimiento.

Para Han, autor que mencioné anteriormente, no es posible la felicidad sin dolor, en este sentido, debemos comprender que: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Sentir dolor es necesario para una felicidad profunda. La vida es un camino de opuestos: sin conocer el sufrimiento no se puede conocer a su Otro, que es la felicidad.

Estas psicologías positivas son parte de la base del sistema económico y político que advierte el peligro del dolor para alcanzar sus fines. Si las personas son incapaces de enfrentar sufrimientos profundos y deciden ignorarlos o reemplazarlos rápida y fácilmente por pensamientos “positivos”, se logra entonces el objetivo de mantener la eficacia del sujeto que debe volver a la producción.

Para lograr este efecto, son ya conocidas las estrategias para extrapolar el narcisismo en situaciones en las que sería más sano escarbar y replantearse. Es decir, nos mantienen en las mejores condiciones para rendir, apelando al “tú puedes con todo” y llevando diarios de metas personales que repasamos cada mañana para darnos ánimo. Nos hemos convertido, entonces, en sujetos ya no explotados sino autoexplotados. El sistema ha evolucionado del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

Nos vamos convirtiendo así en seres fragmentados, con pensamientos y sentimientos correctos o incorrectos, con imposibilidad de recorrer ciertos aspectos de nosotros mismos, porque no hay que entrar allí, eso puede desestabilizarnos y sacarnos de la zona paliativa de bienestar en la que debemos estar.

La realidad, entonces, empieza a perder matices, nos deja de generar curiosidad y nos quedamos sin espacio para la exploración y búsqueda que nos permite elaborar el sentido de las cosas. No podemos generar dialécticas entre opuestos que nos permitan crear nuevas realidades. Estamos así sumidos en un mundo en el que todo se ve igual. Esta realidad paliativa expulsa lo diferente y lo negativo, aplastando, a su vez, la creatividad y el arte.

La lija con la que actúa la positividad y que termina emparejándonos en una vida llena de pasividad, acaba anestesiando el arte, que sometido a las presiones económicas deja de ser una mirada reveladora, diferente, que escudriña y cuestiona, y es condenado por la necesidad de ser siempre agradable.

Como lo subrayó Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte no puede negar el dolor porque este es la posibilidad de que lo distinto se abra paso entre nuestras propias grietas. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y esto condena la posibilidad artística dentro de un contexto de venta de bienes.

Reflexiones finales

- Sentimientos condenados como la insatisfacción y el dolor son parte natural del ser humano. Necesitamos una sociedad que nos de espacios para reconocernos en esos estados y para convertirlos en posibilidades transformadoras.

- La felicidad no tiene que ver con la negación del dolor, sino más bien con nuestra capacidad de transformarnos para hacer frente a los capítulos trágicos de nuestra vida individual y colectiva.

- Enfermedades como la depresión, el síndrome de bournout y el déficit de atención están, en muchos casos, asociados a nuestra incapacidad para exteriorizar dolores que brotan desde adentro. Lo que duele persiste, aunque intentemos ignorarlo con frases de autoayuda o con exceso de trabajo.

- El imperativo de ser felices se convierte en la fuente del capital emocional que el sistema nos exige para aumentar nuestra capacidad productiva, para ello los líderes se han transformado en entrenadores motivacionales que controlan y ocultan la frustración y el dolor en los entornos organizacionales o públicos.

- Detrás de las ideas de éxito, realización y desarrollo se esconde una filosofía de la autoexplotación. La vida se reduce al espacio y el tiempo de trabajo, excluyendo la vida contemplativa, de observación interna y externa que nos permite movilizarnos conscientemente.

- Todos los mecanismos económicos, sociales y políticos puestos al servicio de la felicidad están pensados a su vez para el aislamiento. Todos ellos trabajan para la reducción de la solidaridad. Estamos en un mundo en el que cada uno se preocupa de su propia felicidad. Recordemos, en este sentido, que lo revolucionario nace de lo común.

- El dolor es la posibilidad que se manifiesta cuando sentimos que un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor.

- El dolor representa nuestro derecho a la vida contemplativa y al amor profundo. Reivindica el tiempo para nuestros rituales y para el reconocimiento del espacio físico y político como un contexto donde el conflicto es posible.

- En lo personal, desde mi vida y desde mi obra artística reclamo este derecho. A desafiar la instrumentalización de mis días, a sentir libremente que no pertenezco a ningún extremo ideológico, que navego entre mis dudas y que cada día puede traerme una nueva perspectiva. Decido bailar con los tiempos universales antes que ser devota del paradigma de la producción y de la religión de la felicidad tóxica.

Con esto acabamos este episodio de KWX Kuwoxati podcast, Comparta las falacias de la cotidianidad, hay millones. Sígame en @camaleonenojado en Instagram, en @AndrésNovoa en Facebook, o escriba a través de la plataforma de podnation.co, o escríbame a [email protected] Nos encontramos pronto. Buena energía.

Los invito a escuchar el episodio 13 de KWX Kuwoxati podcast.  


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